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Argentina hace una fuerte apuesta a la integración global: el ingreso a la OCDE y el acuerdo cerrado entre el Mercosur y la Unión Europea. 

Escribe Marcelo Scaglione*

Argentina se encuentra en una etapa crucial de transformación económica y política, impulsada por dos procesos estratégicos:

  • su adhesión a la Organización para
    la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
  • y la implementación del acuer￾do comercial entre el MERCOSUR y la Unión Europea (UE).

Ambos hitos no sólo buscan posicionar al país como un actor relevante en el escenario global, sino que también se complementan mutuamente en sus objetivos de modernización económica, atracción de inversiones y fortalecimiento institucional.

Sin embargo, ambas iniciativas requieren de un propósito y de una visión claros, de una trans￾formación cultural y de valores, de un liderazgo comprometido y de una gestión
inteligente para poder maximizar sus múltiples beneficios.

I. El ingreso a la OCDE: un proceso de transformación estructural

La adhesión a la OCDE es un proceso largo y riguroso que podría extenderse entre 6 y 8 años, siguiendo experiencias de Chile, Colombia y Costa Rica, los últimos países de América Latina y el Caribe en ingresar a esta exclusiva organización, que reúne a 38 naciones responsables del 75% de la inversión global y el 60% del comercio mundial.

Argentina deberá adaptarse a estándares internacionales en áreas clave, como gobernanza, transparencia, políticas fiscales, comercio y sostenibilidad.

Este proceso incluye evaluaciones exhaustivas por parte de 26 comités técnicos, que analizarán aspectos como instituciones públicas, capital humano con eje en educación y salud, desarrollo económico y protección ambiental.

Entre las reformas necesarias, se destacan la lucha contra la corrupción, la simplificación regulatoria y del sistema impositivo y la mejora del sistema de la competencia y defensa del consumidor.

Estas transformaciones no solo buscan cumplir con los requisitos técnicos del organismo, sino también generar confianza internacional para atraer
inversiones extranjeras.

  • A largo plazo, pertenecer a la OCDE constituye una herramienta para transitar del subdesarrollo al desarrollo en aproximadamente 25 años.
  • A mediano plazo, permitirá acceder a mejores prácticas globales en políticas públicas, incrementará la credibilidad del país en los mercados internacionales y posibilitará mejoras de hasta un 10% del PBI.
  • En el corto plazo, ya se observa una reducción del costo de capital para las empresas argentinas gracias al “sello de calidad” que representa el proceso de adhesión.

Este prestigio podría traducirse en mayores flujos de inver￾sión extranjera directa, como ocurrió con otros países miembros.

II. El acuerdo MERCOSUR-UE: una puerta al comercio global

En paralelo, el acuerdo MERCOSUR-UE representa una oportunidad histórica para integrar la Argentina en las cadenas globales de valor.

Este pacto busca crear la mayor zona de libre comercio del mundo, eliminando barreras arancelarias para más del 90% de los productos comercializados entre ambos bloques.

Para Argentina, sectores clave como el agrícola, el vitivinícola y el pesquero serán grandes beneficiarios gracias al acceso preferencial al mercado europeo.

Por ejemplo, se establecieron cuotas específicas para exportaciones argentinas hacia Europa en carne vacuna, carne aviar, maíz y etanol.

Además, se eliminarán aranceles sobre determinados productos, como vinos argentinos y merluza congelada.

Esto no sólo fortalecerá las exportaciones argentinas, sino que también impulsará economías regionales vinculadas a estos sectores.

El acuerdo también incluye compromisos modernos en áreas como sostenibilidad ambiental, estándares laborales y comercio digital.

Estos elementos alinean al MERCOSUR con exigencias internacionales más estrictas y consolidan su posición en el comercio global.

III. Las sinergias y los desafíos de ambos procesos

El ingreso a la OCDE y el acuerdo MERCOSUR-UE deben formar parte de una estrategia integral para incorporar a Argentina en los mercados globales.

Ambos procesos comparten objetivos complementarios:

  • Atracción de inversiones: mientras que el acuerdo MERCOSUR-UE ofrece un acceso preferencial al mercado europeo, la membresía en la OCDE re￾fuerza la confianza internacional al garantizar estabilidad normativa y estándares elevados.
  • Modernización institucional: la implementación del acuerdo comercial exige transformaciones en áreas como la seguridad alimentaria y las cuestio￾nes ambientales. Estas transformaciones están también alineadas con las evaluaciones técnicas requeridas por la OCDE.
    • Fortalecimiento regional: como miembro fundador del MERCOSUR, Argentina podría liderar una agenda regional más ambiciosa dentro de la OCDE.

Brasil -también candidato a ingresar al organismo- podría consolidar, junto con Argentina, una voz sudamericana más fuerte.

A pesar de sus beneficios potenciales, ambos procesos enfrentan obstáculos políticos y económicos significativos.

La implementación del acuerdo MERCOSUR-UE podría generar tensiones internas a ambos lados del Atlántico, debido al impacto en sectores vulnerables.

Del mismo modo, las reformas necesarias para ingresar a la OCDE encontrarán resistencias si no se genera una dinámica de trabajo colaborativo con todos los actores que deben involucrarse en el proceso: provincias y
regiones, empresas y sindicatos, academia y sociedad civil.

Además, ambos proyectos requieren estabilidad política para garantizar su continuidad.

Dado que los plazos superan los mandatos gubernamentales actuales, resulta crucial construir consensos amplios que trasciendan coyunturas partidarias.

El Pacto de Mayo puede constituir una herramienta adecuada para avanzar con este propósito.

IV. Un camino hacia una integración global estratégica

La combinación y sinergias del ingreso a la OCDE y el acuerdo MERCOSUR-UE representan una oportunidad única para transformar a Argentina en un actor clave del comercio global bajo estándares internacionales elevados. Si bien los desafíos son considerables -desde resistencias internas hasta complejidades técnicas-, las sinergias entre ambos procesos pueden maximizar sus beneficios económicos, sociales e institucionales.

Estos avances no sólo posicionan a la Argentina como un socio confiable en los
mercados internacionales, sino que también ofrecen una hoja de ruta y un plan de acción para fortalecer sus instituciones, modernizar su economía y desarrollar su capital humano.

Si se gestionan adecuadamente ambos procesos estratégicos, se podría marcar un antes y un después en el desarrollo económico sostenible del país y en su integración plena al mundo globalizado.

Trabajemos, entonces, con audacia, con imaginación y con determinación -los nuevos valores que necesita hoy la política internacional- para alcanzar con éxito estos desafíos históricos y legar las bases de un país desarrollado a las próximas generaciones de argentinos.

*Emprendedor y empresario; especialista en política internacional e integración regional. Máster en Administración Pública de la École Nationale d’Administration (ENA) de Francia; subsecretario de Estado (2016-2019) a cargo del proceso de acceso de Argentina a la OCDE y miembro consejero del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)

**Las opiniones de los columnistas son de su exclusiva responsabilidad en ejercicio del derecho constitucional a la libre expresión sin censura previa y no necesariamente reflejan la línea editorial de SRSur News Agency

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