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Una nueva forma de piratería de copyright utiliza la inteligencia de los algoritmos y la complicidad sistémica de Meta y Google para extorsionar a la industria periodística.

Escribe Diego Dillenberger*

No es Milei, no son los “K”: una nueva piratería de “copyright” acecha y amenaza la subsistencia de los medios
Franz Kafka escribió El Proceso durante la Primera Guerra Mundial, pero su vigencia en la Argentina de 2026 es escalofriante.

En la novela, el señor K es perseguido por una burocracia invisible y ejecutado por un delito que nunca comprende.

Hoy, los directores de medios argentinos -reunidos días atrás- describen una pesadilla idéntica: cuentas suspendidas, ingresos confiscados y un sistema de “strikes” automatizado que funciona como una guillotina digital.

No es una cuestión de polarización política. No es Milei ni son los “K”.

Es una nueva forma de piratería de copyright que utiliza la inteligencia de los algoritmos y la complicidad sistémica de Meta y Google para extorsionar a la industria periodística.

Del Proceso, de Kafka, viene el adjetivo “kafkiano”: y eso es lo que mejor describe el terrible acoso al que están sometiendo a los medios bandas de “piratas de Internet” con la anuencia -y complicidad- de las grandes plataformas, como Meta o Google.

Vale la pena entender cómo funciona el “mecanismo kafkiano” que está enloqueciendo a los medios: en las últimas semanas los medios en la Argentina y todo el mundo empezaron a ser víctimas de una extorsión insólita sobre sus cuentas en redes sociales, de las que dependen para monetizar parte de las pautas publicitarias y armar audiencias y comunidades.

  • Modus operandi

El modus operandi narrado una y otra vez por los editores evela una sofisticación perversa.

Las llamadas “agencias de licencias virales” o Copyright Trolls operan bajo un esquema de tres pasos:

Identificación: Detectan un contenido lícito (un video casero, un clip de color) que se vuelve viral.

  • Adquisición: Compran los derechos al autor original por unos pocos dólares.
  • Ejecución: Utilizan el Rights Manager de Meta para reclamar derechos de forma retroactiva.

El medio que publicó el video hace semanas, cuando era libre, se encuentra de pronto con un “strike”.

Este resultado es letal: Meta o YouTube desvían el 100% de la monetización hacia el “pirata” o, peor aún, suspenden la cuenta preventivamente.

La teoría se vuelve tragedia en el interior del país.

Un diario cuyano -que mantiene el anonimato por lo delicado de las negociaciones- es hoy el emblema de esta indefensión.

Con una comunidad de 210.000 seguidores construida durante años -vital para la distribución de branded content y pauta publicitaria-, el medio lleva semanas con su cuenta de Instagram suspendida.

“No tengo idea de por qué ni qué nos reclaman”, es el lamento que se repite en las redacciones.

Meta suspende primero y no pregunta después.

El daño económico es masivo y la “revisión” puede durar seis meses; un siglo para el flujo de caja de un medio regional.

Aunque Meta se escuda en la DMCA (Digital Millennium Copyright Act) para evitar juicios, su negligencia es rentable.

Al automatizar la ley, Meta ahorra costos operativos.

Si un “troll” reclama un video, Meta sigue cobrando su comisión del 45% de los anuncios; lo único que cambia es a quién le deposita el resto.

Para la plataforma, el periodista es prescindible; el flujo de contenido no.

Los puntos críticos denunciados

  • Indefensión Algorítmica: Los sistemas no distinguen entre el robo de contenido y el derecho de cita o “Fair Use” periodístico.
  • Hackeo de Cuentas: Se reportan secuestros de perfiles con audiencias de hasta 400.000 seguidores, donde la recuperación es un laberinto burocrático inaccesible.
  • Jurisprudencia de lo absurdo: Algunos medios sufren reclamos por publicar un gol o un evento de interés público, donde la licencia es ambigua pero el castigo es inmediato.

¿Hacia una autorregulación o intervención?

La comunidad de asuntos públicos y gestión de medios observa con alarma cómo la propiedad intelectual se ha convertido en un arma de destrucción masiva contra la libertad de prensa.

La “piratería de escritorio” es hoy más peligrosa que la censura estatal.

Para los profesionales del sector, el desafío ya no es sólo generar contenido de calidad, sino blindar legalmente cada segundo de video frente a algoritmos que no leen el contexto, sólo ejecutan sentencias.

Este “mecanismo” El sistema argentino, kafkiano por naturaleza, ha encontrado en Silicon Valley a su mejor aliado para molestar -y quebrar- al prójimo.

*Director de la Revista Imagen

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