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Harina de banana verde es un nuevo superalimento argentino sin TACC 100% natural que se desarrolla en Salta, provincia del noroeste del país.

Este desarrollo comenzó hace 8 meses en una comunidad de la localidad de Orán, para evitar la pérdida de la producción ante los bajos precios que reciben los productores.

La harina de banana verde no lleva agregados ni conservantes.

El nuevo superalimento apunta a posicionarse en el segmento saludable a través de un producto 100% natural, sin químicos y sin conservantes.

El resultado del proceso permite ofrecer un alimento inclusive apto para personas con celiaquía o diabetes ya que al utilizarse banana verde el producto final no tiene azúcar y no tiene gusto a banana.

“Los productores comenzaron a elaborar con harina de banana lo que antes hacían con harina de trigo: cupcakes, alfajores, budines, pan, pizza, pre-pizza y productos salados”, detalló una de las productoras consultada por la periodista Mara Díaz, del diario Río Negro.

La producción todavía es limitada. En un mes obtienen aproximadamente 100 kilos de harina.

Con un crecimiento en escala, el producto empezó a circular fuera de la comunidad.

“Ya tenemos pedidos de Buenos Aires, Santa Fe, Chaco y Salta. No siempre podemos vender la cantidad que nos piden, pero ya la conocen y queremos ampliar la producción”, explicaron los productores.

El principal desafío de los productores es ajustarse a los requisitos del Código Alimentario Argentino, desarrollar e instalar una marca y packaging adecuado a las características de la demanda potencial del consumo individual o industrial.

Harina de banana verde es un nuevo superalimento argentino sin TACC 100% natural que se desarrolla en Salta.
Harina de banana verde es un nuevo superalimento argentino sin TACC 100% natural que se desarrolla en Salta.
  • El proceso 

En la provincia de Salta hay unas 2.900 hectáreas cultivadas con banana.

Históricamente, la cosecha masiva de verano saturaba el mercado, dejando a los productores con excedentes que no encontraban destino.

“Era desesperante esperar nueve meses para ver tu producción y que luego no tuviera precio”, explicó Francisca Cabezas, referente del proyecto y de la comunidad Tupí Guaraní, en diálogo con Diario RÍO NEGRO.

Sin embargo, la comunidad decidió cambiar las reglas del juego.

En lugar de resignarse a la pérdida de su principal sustento, los pequeños productores buscaron una salida estratégica que hoy marca un antes y un después.

“Nos acercamos al INTA en un momento muy difícil y pedimos ayuda, queríamos aprender”, detalló Francisca Cabezas.

Fue allí donde conocieron la posibilidad de elaborar harina como una forma de agregar valor a la fruta y nació «Iguopeigenda», la nueva esperanza de los pequeños productores salteños.

La elaboración de la harina comienza con una selección estricta.

“Eso hay que aclararlo bien, no es el descarte de banana. Se selecciona el cacho completo, una banana verde, sana, que no esté picada ni en mal estado, para que salga una harina saludable”, remarcó Francisca.

Después de la cosecha, la fruta se lava, se pela y se corta en filetes finos.

El secado depende del sol pero se aplica un paso previo que es clave: “Le pasamos en agua con limón para que no se oxide mucho, porque el secado es lento y hay días nublados”.

Los filetes se colocan en bandejas dentro de un deshidratador solar tipo túnel, construido por la propia comunidad.

“Es un deshidratador cerrado, no entran moscas ni hormigas, está todo tapado”, explicó.

Tras dos o tres días de espera, una vez secas, las bananas se muelen y se tamizan.

“Lo más fino queda como harina y lo que queda más grueso lo usamos como rebozador, como pan rallado. Lo probamos para la milanesa y quedó muy bien”, contó.

Fuente: Diario Río Negro

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