La intervención de Trump no fue por petróleo

El 3 de enero de 2026, EE.UU ejecutó la mayor operación militar en América Latina desde Panamá en 1989.
Pero esa explicación, tan familiar como conveniente, no resiste el más mínimo análisis estratégico.La verdad es más incómoda, más compleja… y mucho más peligrosa.
Conviene comenzar por un punto clave:
- a este tipo de decisiones no las toma la Casa Blanca, sino el Pentágono.
- El Pentágono decide, el presidente firma.
Cuando el aparato militar concluye que una amenaza ha cruzado el umbral de riesgo tolerable, la decisión está tomada. El presidente no dirige: simplemente autoriza. Luego sale a justificar públicamente lo que ya se determinó puertas adentro.
Trump habló de petróleo porque el petróleo vende. Pero la operación no fue por petróleo.
Lo que detonó la intervención no fue el crudo, sino la convergencia operativa de los tres principales adversarios de EE.UU., China, Irán y Rusia, en un mismo territorio: Venezuela.
China había tomado control de la extracción de minerales estratégicos (tantalio, cobalto, tierras raras) directamente en las minas del Arco Minero del Orinoco.
Estos minerales alimentan la cadena de producción de armas del propio Pentágono. La presencia china no era comercial: era operativa.
Irán había instalado fábricas de drones militares con capacidad ofensiva para alcanzar Florida desde el Caribe.
No era ventas de armas: era industria bélica permanente a 1.200 millas del territorio continental estadounidense.
Rusia había desplegado asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia. Un ecosistema de guerra electrónica a la vuelta de la esquina de Miami.
Esto no fue casual. Fue una estrategia coordinada. Cada actor reforzaba la presencia del otro.
- No era petróleo. Era control
Comparar esta operación con Irak 2003 es una trampa superficial. En Irak, el petróleo representaba control de flujos globales, mantenimiento del petrodólar y dominio geopolítico en Medio Oriente.
Venezuela no cumple ninguna de esas condiciones: su producción está colapsada, la infraestructura destruida, y su peso geográfico es marginal.
Si la intervención fuera por petróleo, habría ocurrido en 2019, cuando Juan Guaidó tenía respaldo internacional y PDVSA aún respiraba.
Pero esperaron. Hasta que la amenaza real se consolidó: control chino de minerales, fábricas iraníes de drones y militares rusos y cubanos dirigiendo entrenamientos.
- El umbral que rompió Venezuela
El Pentágono cruzó su línea roja cuando entendió que los misiles que podrían amenazar su territorio se fabricaban con minerales extraídos bajo control chino, en Venezuela, con protección de inteligencia rusa. Eso no es soberanía. Es una plataforma hostil integrada a menos de 2.000 kilómetros del Comando Sur.
Por eso los ataques no tocaron pozos ni refinerías. Golpearon bases, telecomunicaciones, radares y el corazón del régimen. No querían controlar recursos. Querían desmantelar amenazas.
- La verdadera guerra es por minerales estratégicos
En abril de 2025, China restringió exportaciones de tierras raras en represalia por aranceles de EE.UU.
Con ello demostró que estaba dispuesta a usar la cadena de suministros como arma geopolítica.
Venezuela se volvió pieza clave. No por su petróleo. No por su gobierno. Por sus minerales.
El Pentágono no opera con discursos. Opera con mapas de riesgo.
Y Venezuela, en 2026, era un punto de intersección entre recursos estratégicos, infraestructura militar adversaria y redes logísticas incontrolables.
Trump habló de petróleo porque esa narrativa es comprensible. Pero el Pentágono no planifica con base en discursos. Lo hace con base en amenazas.
Venezuela no fue intervenida por crudo. Fue intervenida por su rol en la nueva arquitectura del poder global: minerales, armas y presencia hostil combinada.
El petróleo es la excusa. La geoestrategia, el verdadero guión.
*Fuente: https://x.com/carorestrepocan/status/2008516075453833523?s=20
