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domingo, febrero 5, 2023

¿En qué consiste la competitividad de la industria textil argentina?

Por Mariano Kestelboim*

Buenos Aires, 14 de setiembre de 2012 (Agencia SRSur).- La industria textil
argentina proyecta un crecimiento de 6% para el segundo semestre de 2012. En
1975 sumaba 150.000 trabajadores registrados en el gremio que los agrupa (AOT)
y cayó a sólo 20.000 empleos en 2003, avasallada por las políticas neoliberales.
Hoy el gremio específico tiene 45.000 asociados y la industria textil es viable, en
una cadena de valor que lleva insumos iniciales por 2.200 dólares la tonelada a un
valor final de 50.000 dólares la tonelada. Este proceso de recuperación
competitiva fue analizado en la disertación del Director Ejecutivo de la Fundación
Pro Tejer, Lic. Mariano Kestelboim, en Pro Textil 2012, que sigue a continuación:
“Tras la gran recuperación y crecimiento de la actividad productiva entre 2003 y
2011 y haber atravesado la primera ola de la crisis internacional, la economía
nacional registra un breve rebote impulsado por el reajuste del tipo de cambio en
niveles competitivos, políticas de ingreso que estimularon la demanda interna y la
tibia recuperación de la economía global.
En la cadena textil, a diferencia del período previo, se aprecia una creciente
heterogeneidad entre los distintos sectores que la componen, siendo los que
combinan una alta diferenciación productiva con herramientas de preservación de
su mercado a través de LNA, VC y/o medidas antidumping quienes mantienen un
importante dinamismo. No obstante, el rápido incremento generalizado de los
costos va erosionando la competitividad del sector y, en 2011, se registra un
record de importaciones (1.950 millones de dólares).
Esta situación, sumada al crecimiento de la competencia desleal, provoca un
declive en el nivel de actividad sectorial (en el segundo semestre de 2011, la
producción cae un 4,5%).
En cuanto a la competencia desleal, existen evidencias que revelan ciertas
inconsistencias comerciales. Mientras que, según las estadísticas de las Naciones
Unidas, desde China, se declara, en 2011, una exportación hacia nuestro país de
1.002 millones de dólares, en la Argentina solamente se registra una importación
de 475 millones de dólares procedente de ese origen.
En efecto, son los eslabones que poseen más medidas de protección comercial
(indumentaria y tejidos de punto), donde se aprecia una mayor asimetría entre lo
que se declara exportado desde China y lo que se registra importado en nuestro
país en el año 2011.
Ahora bien, a fines de 2011, se configura un nuevo escenario en el que reaparece
el fantasma de la restricción externa; es decir, un conjunto de fenómenos que
ponen en riesgo el stock y el flujo de divisas del país.
En primer lugar, el crecimiento del mercado interno, con una estructura productiva
dependiente de tecnología externa, demanda más divisas y una parte creciente del
saldo exportador es consumido internamente. A su vez, en la sequía se pierde más
de la cuarta parte de la cosecha y sus precios tienden a la baja. A su vez, se
avecina un 2012 con elevados vencimientos de deuda en dólares. Y, por último, se
agudiza el rebrote de la crisis económica internacional, que afecta el crecimiento
de Brasil, genera una mayor remisión de utilidades, aumenta los desvíos de
comercio y revaloriza al dólar a nivel mundial.
Frente a esta situación, el gobierno toma dos medidas principales con impacto en
la industria: los controles cambiarios y endurece la administración comercial. En
el sector textil, esas medidas repercuten en una baja de la importación registrada
del -14% en los primeros 7 meses de 2012 respecto al mismo período de 2011.
Todos los rubros presentan bajas de importación. Al mismo tiempo, la
combinación de ambas medidas de control encarece el contrabando tanto por tener
que operar con el dólar ilegal, soportar mayores costos de almacenamiento,
logística y transferencias de divisas.
En este marco, a pesar del debilitamiento de la demanda y el aumento de los
costos internos, se produce un reanimado proceso de sustitución de importación,
que impacta en mayor medida en la producción de insumos textiles que antes eran
abastecidos por la importación. En particular, son los hilados y los tejidos de
mayor valor agregado los más demandados a la industria nacional.
En el primer semestre de 2012 la producción sectorial crece un 4,5% y, desde la
Fundación Pro Tejer, proyectamos un segundo semestre con un crecimiento por
encima del 6%.
El contexto macroeconómico presenta un esquema de precios relativos muy
interesante para la inversión. Podemos apreciar que el valor de un telar de pinza,
nuevo, italiano, de tecnología estándar, se va reduciendo en relación al costo
salarial. En 2003, uno de esos telares equivalía a 232 salarios de 2003, en 2007,
hacían falta 182 salarios de 2007 y actualmente se requieren sólo 75 salarios por
un telar de las mismas características, aunque en el nivel estándar su
productividad es un 20% más elevada.
En la producción de la confección ocurre algo similar para la compra de tres
máquinas básicas de un taller: una recta, una overlock y una collareta. En este
caso, la tecnología es china y también son nuevas. Pasamos de necesitar casi 9
salarios de un confeccionista a menos de 2 salarios y medio en la actualidad.
Esta situación, además de deberse al incremento de los salarios que fortalecieron
el mercado interno y la producción local, se debe a cierta depreciación
internacional del euro.
Por otra parte, también existe una buena oportunidad de inversión porque, a los
valores actuales, el recupero de la inversión es rápido. En el caso del telar es de
dos años y en el del set de máquinas para el taller es de menos de dos meses.
Asimismo, tampoco tiene mucho sentido parar estas importaciones porque se trata
de productos que tienen la capacidad de sustituir importaciones rápidamente. En el
caso del telar en sólo 4 meses de uso genera una producción equivalente a las
divisas gastadas en la máquina. Y en el caso del set de confección, dependiendo
de la producción que realice, la sustitución requerida puede tardar, a lo sumo, dos
meses.
Además, la macroeconomía plantea pocas alternativas financieras atractivas y en
el corto plazo existen factores concretos que permitirán la aceleración del
crecimiento: estabilización de la crisis internacional, recuperación de Brasil,
cosecha récord, menor pago de la deuda en 2013, crecimiento del ingreso y
mayores inversiones en obras públicas con vistas a un año electoral.
La cadena fue uno de los once sectores elegidos en el Plan Estratégico Industrial
2020 para promover. El autoabastecimiento en fibras naturales y poseer capacidad
productiva sintéticas es una fortaleza básica para su desarrollo. Su amplia
distribución territorial con más de 15.000 empresas pymes garantiza la
distribución del ingreso. Su compromiso se advirtió a través del proceso de
reinversión de utilidades. En un contexto mundial de destrucción de empleo, tener
más de 460.000 puesto de trabajo directo es fundamental en un proceso de
crecimiento con inclusión social.
Es la cadena agro industrial que, de forma difundida, genera mayor valor
agregado: parte de insumos de 2.200 dólares la tonelada y exporta indumentaria
por 50.000 dólares la tonelada, en promedio.
A su vez, excepto por la tecnología que requiere su desarrollo, tiene una baja
dependencia de divisas, ya que tiene un proceso productivo activo en todos sus
eslabones. Ello es producto de su capacidad de generación de diseño textil y de
indumentaria, que es reconocido internacionalmente.
En el mismo sentido, el sector es líder en generación de marcas a nivel regional.
En efecto, Argentina es el país que más franquicias crea en Latinoamérica y la
mayoría de ellas son de indumentaria.
Ahora bien. ¿Cómo lo hacemos? Claramente, debemos trabajar articuladamente
con un plan de desarrollo integral para la cadena de valor. La medida más
importante, núcleo principal de un programa de crecimiento del sector, debe ser la
formalización laboral y empresarial de los talleres de confección. Para ello,
además de un sistema de fomento para facilitar la regularización de los talleres,
tendremos que utilizar el soporte tecnológico, como los códigos QR, para poder
identificar las prendas que son elaboradas en talleres formales.
En simultáneo, tenemos que seguir impulsando la capacitación y formación en
tareas específicas de nuestra industria. En este sentido, además de promover la
inscripción de alumnos en carreras técnicas, como ingeniería textil, donde
logramos triplicar la matrícula de inscriptos tenemos que seguir mejorando la
oferta académica. Para ello, la Fundación Pro Tejer firmó un convenio con la
UTN, el Ministerio de Industria, el INTI y la AOT. A raíz del mismo, ya se
remodeló completamente el laboratorio de la carrera y estamos actualizando los
planes de estudio.
Asimismo, debemos estar permanentemente atentos a la administración comercial.
Sin ella, en el actual contexto económico internacional de total explotación de los
trabajadores en el sudeste asiático y China, el sector no puede competir. No
debemos competir con empresas que pagan salarios de extrema pobreza, como en
Bangladesh que perciben 37 dólares mensuales.
A su vez, debemos articular una estrategia de preservación de mercado a nivel
regional para evitar que se sigan erosionando los mercados de nuestros principales
socios.
El sector requiere extender y facilitar el acceso a los programas estatales de
estímulo a la inversión (créditos del Bicentenario, Fonapyme, Fuerza Productiva y
Fontar).
En los últimos años actores ajenos al desarrollo productivo sectorial, como los
bancos, a través de sus tarjetas de crédito y el sector inmobiliario, ha extraído
márgenes extraordinarios de rentabilidad sin promover la actividad productiva.
Debemos pensar en un sistema que permita distribuir rentas en favor del
desarrollo productivo.
En cuanto a la estrategia ofensiva sectorial, la industria tiene muchísimo potencial
de exportación, pero se debe facilitar y fomentar los envíos, eliminando
retenciones, facilitando el cobro de reintegros y simplificando el esquema
administrativo.
Por último, a través de compras públicas y subsidios se debe traccionar la
inversión en investigación y desarrollo para promover el crecimiento de los
textiles funcionales o innovadores, donde el mercado tiene enormes posibilidades
de expandirse.
Vimos que en el mundo cae el empleo, crece la concentración económica y la
depredación comercial; frente a ello, surge una fuerza contrapuesta basada en la
revalorización de los recursos naturales y políticas de fortalecimiento del mercado
interno.
Evidentemente, a partir de fines de 2011, se produjo un quiebre en el modelo,
además de fomentar el consumo, se intenta fomentar fuertemente la inversión.
Tenemos una macroeconomía nacional que, en base a la protección del mercado
interno y precios relativos acordes a la incorporación de tecnología, pareciera
demandar inversión. El sector puede aprovechar temporalmente la preservación
del mercado nacional, o bien, redoblar su esfuerzo inversor y seguir apostando en
el desarrollo económico con inclusión social. Para ello, no obstante, necesitará
muchas más políticas industriales de respaldo frente a un contexto global cada vez
más agresivo”.
* Licenciado en Economía, Director Ejecutivo de la Fundación Pro Tejer.

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