22/06/2024
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Arrancó el debate electoral en Argentina

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Arrancó el debate electoral en la Argentina: la oposición denuncia una “bomba”, pero debería hablar de “campo minado”

Arde la política con la pelea por la montaña de deuda en pesos para tapar el déficit fiscal. Los opositores corren el riesgo de enredarse en la discusión y esquivar el debate de las reformas estructurales que antes no quisieron debatir.

El próximo gobierno, sea del signo que sea, heredará una montaña de deuda en pesos.
El próximo gobierno, sea del signo que sea, heredará una montaña de deuda en pesos.

El economista estrella del ministro Sergio Massa, Gabriel Rubinstein, se calzó los guantes de box y salió a dar la pelea. El viceministro dijo que la “bomba” de deuda en bonos en pesos que denunciaron esta semana economistas de Juntos por el Cambio sería algo totalmente “manejable” y no tan dramático.

El exministro de Economía Hernán Lacunza, hoy referente económico de Horacio Rodríguez Larreta, fue uno de los que más cuestionó la política kirchnerista de endeudamiento y advirtió sobre el explosivo que heredará Juntos por el Cambio si gana las elecciones.

Después de todo, la única misión concreta que tiene Sergio Massa es la de estirar la “mecha” de esa bomba para que le estalle al gobierno que venga en diciembre: a mediados del año pasado, cuando asumió el tigrense, todo indicaba que el artefacto estaba a punto de estallar.

Gabriel Rubinstein junto a Sergio Massa.
Gabriel Rubinstein junto a Sergio Massa.

Desde su oscuro ostracismo, reapareció ahora incluso el exministro kirchnerista Martín Guzmán para subirse al ring y denunciar a la oposición por intentar “desestabilizar” a los mercados generando la sospecha de que, si vuelven los opositores al poder, podrían “reperfilar” esos bonos.

  • El panorama económico para los próximos meses

En los próximos meses, vencen títulos a razón de un billón de pesos por mes, y una parte importante de esa monumental masa de dinero está en manos privadas que sospechan que al próximo gobierno no le quedaría otro remedio que hacer una suerte de “Plan Bonex” para desactivar la bomba atómica que le está armando el gobierno peronista. Si los vencimientos no se renuevan, el “dólar Pampita” de 400 pesos que pronosticó el legislador porteño Roberto García Moritán, esposo de “Pampita” Ardohain, podría ser baratísimo en muy poco tiempo.

El Plan Bonex con el que Carlos Menem enfrentó la hiperinflación que heredó de Raúl Alfonsín en 1989 consistió en convertir de manera compulsiva a un bono en dólares a diez años todos los plazos fijos y títulos en australes de corto plazo que estaban por vencer y que el sistema financiero y el gobierno debían remunerar cada vez más para que no escaparan al dólar.

Así eran los billetes de los australes que circularon desde 1985.
Así eran los billetes de los australes que circularon desde 1985.

Sería una posibilidad que aterra hoy a mercados que ya se quemaron con leche y ahora ven una vaca y lloran.

  • El debate económico 2023 está planteado

Básicamente, consiste en saber cuán grande es la bomba, cuán larga la mecha y cómo y quién la desactiva con el menor daño colateral posible. Y, más que nada, a quién echarle la culpa de la explosión: uno de los deportes favoritos de la política argentina.

Para la oposición ese debate presenta fortalezas, pero también debilidades: cualquier defensa del gobierno de Alberto Fernández es poco creíble ante el brutal nivel de inflación y déficit fiscal que ni intenta combatir. Es una fortaleza de la oposición.

Pero es incómodo a su vez para la propia oposición, porque al gobierno le sirve para contraatacar con el clásico “Ah, pero la deuda del FMI que dejó Macri”.

Por más que el Fondo haya sido hasta ahora muy comprensivo con el gobierno de Alberto Fernández y que sea una comparación inconducente: a la hora de buscar culpables es una herramienta inapelable del peronismo contra el expresidente.

Pero la metáfora de la bomba y su mecha podría servirle también a la oposición para escaparle al debate de fondo que en el anterior período de Mauricio Macri no se animó a dar: la deuda se toma para tapar un déficit fiscal crónico que no es otra cosa que un síntoma de enfermedades mucho más graves de la economía argentina. Tanto gobierno como oposición se sienten más cómodos peleando por los síntomas y así pasar por alto el debate de fondo de las causas de tanto exceso de gasto público.

  • La experiencia de Mauricio Macri

El anterior gobierno de Mauricio Macri planteó que levantando el cepo cambiario se resolvería todo y habló muy poco de la verdadera magnitud de la herencia económica envenenada que había recibido. El expresidente admitió -ya fuera del poder- que en su momento no quiso hablar de la herencia para no “poner de mal humor” a los argentinos.

Mauricio Macri no supo explicar los problemas de la herencia económica que recibió cuando fue electo presidente.
Mauricio Macri no supo explicar los problemas de la herencia económica que recibió cuando fue electo presidente.

Pero ante la presión del tan menospreciado “círculo rojo” de empresarios y periodistas que reclamaban una mejor comunicación de esa herencia, el gobierno de Macri terminó publicando on line en un rincón perdido de Internet un libro en formato PDF para “calmar a las fieras”: “El estado del estado”.

No era más que una enumeración de “árboles sueltos”: cada capítulo narraba minuciosamente las irregularidades recibidas, área por área, pero no se explicaba el frondoso “bosque” que había heredado: un estado totalmente sobredimensionado e infinanciable que se había vuelto el único empleador del mercado laboral por dificultar el trabajo en el sector privado y que cobraba tantos impuestos que espantaban a cualquier inversor.

Por el contrario, la primera medida que tomó Macri al asumir fue crear más ministerios y devaluar la crucial cartera de Economía a una mucho menos relevante de Finanzas: tanto aumento del gasto sería inconsistente con una descripción más realista del verdadero origen de los síntomas de la enfermedad argentina.

Pero sin resolver las cuestiones de fondo iba a ser muy difícil cumplir con las promesas electorales de Macri de “pobreza cero, inflación de un dígito y lluvia de inversiones”. Macri hasta se ató las manos en la campaña 2015 prometiendo solemnemente que no privatizaría ninguna de las empresas que estatizó el kirchnerismo.

En los últimos tres años fuera del poder, Macri no explicó con claridad si hoy es consciente de lo incompleto que fue su diagnóstico cuando asumió. Solo atinó a desdecirse de su anterior promesa electoral de no privatizar o cerrar las empresas públicas deficitarias, como Aerolíneas Argentinas.

  • Bomba vs. campo minado

Y como ninguno de los potenciales “herederos” en Juntos por el Cambio quiere hoy irritar al jefe del que esperan ansiosos la “bendición” para competir por la presidencia, ningún otro exponente de Juntos salió a explicar mucho más allá del nuevo debate de “la bomba”.

Pero, más que una bomba, lo que heredará el próximo gobierno es un campo minado del tamaño de un país entero.

El debate de la bomba puede generar en la opinión pública falsas expectativas de que el desastre económico de un país cuyo PBI per cápita se estancó en valores de hace más de un cuarto de siglo mientras todos nuestros vecinos crecían se arregla rápido y fácil y sin reformas estructurales profundas.

Esas reformas enfrentarían en el camino muchos enemigos que hoy disfrutan del descalabro sistémico de la economía argentina, aunque los argentinos sean cada vez más pobres y el 70 por ciento de la población esté pensando en emigrar, si le dieran la posibilidad.

La oposición le podría agradecer al economista prolijamente despeinado que dio el primer paso para instalar la necesidad de reformas profundas y de atacar frontalmente el gasto público.
La oposición le podría agradecer al economista prolijamente despeinado que dio el primer paso para instalar la necesidad de reformas profundas y de atacar frontalmente el gasto público.

Ese gran país de inmigrantes que “bajaban de los barcos” (Alberto Fernández dixit) se convirtió en un país de emigración.

El economista Javier Milei entendió muy bien cómo sintonizar con un electorado, particularmente con los más jóvenes que son los que más piensan en la emigración y quieren como alternativa votar a alguien que les genere la esperanza de que su propio país un día pueda ser algo más parecido a aquellos a los que quieren emigrar. Lo hizo simplemente explicando sus planes económicos, además de mostrarse enojado con “la casta”.

La oposición le podría agradecer al economista prolijamente despeinado que dio el primer paso para instalar la necesidad de reformas profundas y de atacar frontalmente el gasto público.

Pero la oposición de Juntos por el Cambio también tendría que aprovechar el debate para explicar mejor y más claramente que Milei que las reformas que habría que encarar para convertir a la Argentina en un país del que sus hijos no quieran huir llevarán tiempo y sacrificio.

  • Qué dicen encuestadores y analistas

Los propios encuestadores y consultores que asesoran a los políticos creen que la Argentina, en el mejor de los casos, tardaría, como mínimo, un período presidencial completo en superar la crisis crónica que empobrece a los argentinos: según un panel de 61 encuestadores, consultores y analistas políticos relevado por la revista Imagen, el 30 por ciento de esos profesionales cree que la crisis quedará atrás luego de un primer período de gobierno. Otro cuarto de ellos cree que se precisarán dos períodos completos y otro 20 por ciento calcula que la Argentina precisaría una década para superar el daño que se le causó a la economía desde la caída de la convertibilidad, en 2001.

Incluso hay otro 20 por ciento más pesimista aún que cree que se precisaría más de una década para salir o, directamente, que la Argentina “nunca dejará atrás su crisis”.

¿No sería mejor negocio ir planteando desde ahora que para terminar con el permanente “ajuste” sobre el sector privado se requerirá reorientar ese ajuste sobre el estado y la política? El debate sobre las dimensiones de ese campo minado solo se puede dar antes de las elecciones: Mauricio Macri explicó cuando salió del poder que sintió que no debía encarar reformas económicas más profundas en su período de gobierno “porque no tenía mandato”.

Con eso de sentir que no tenía “mandato” no quiso decir que no le hubiese ganado legítimamente a Daniel Scioli en 2015 o que dudara de su claro triunfo en las elecciones de medio término de 2017. Macri se refería a que nunca había explicado en la campaña las verdaderas dimensiones del desafío económico argentino: ése era el origen de la “falta de mandato”.

¿Podría la oposición volver a correr el riesgo ahora de quedar enredada en la discusión y terminar escondiendo ese “mandato” detrás del debate por la “bomba”? Sería la trampa más mortífera que le dejaría el gobierno de Alberto Fernández.

*Director de la Revista Imagen. Columnista de TN

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