21/04/2024
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Dos copas mundiales que el gobierno argentino ignora

Escribe Diego Dillenberger*

La desconfianza y la grieta son las nuevas “copas mundiales” que el Gobierno argentino prefiere ignorar.

Lo revela un índice que siguen los principales empresarios globales. Los datos interpelan a las empresas locales por su perfil excesivamente bajo y serán el mayor desafío para el gobierno que surja de las próximas elecciones.
La Argentina tiene tres copas mundiales de fútbol, pero además, a Messi, Maradona, el Papa Francisco y cinco premios Nobel. Y como si esto fuera poco, la Argentina cuenta con la avenida más ancha del mundo y la peatonal más larga: un país de récords.

Pero también la Argentina es famosa mundialmente por competir en la premier league de la lástima en el mundo con muchos datos “famosos” y muy poco alentadores, que difícilmente puedan enorgullecer a alguno de sus ciudadanos: la inflación crónica más larga del mundo (21 años sin parar), el retroceso de su PBI per capita a niveles anteriores a un cuarto de siglo atrás (algo que no se veía prácticamente desde la Segunda Guerra Mundial) y, sin duda, es el país que se quedó en los dos últimos años con el campeonato mundial de la opinión pública más pesimista.

Pero ahora se publicó un nuevo relevamiento que le da a la Argentina dos nuevos “récords” negativos a nivel mundial que son muy relevantes para las posiblidades de desarrollo de la economía de los países: la desconfianza en sus instituciones y en su gobierno y el nivel de polarización de su sociedad y su política.

Fuente: Edelman

Hace más de dos décadas se presenta año a año el Barómetro de Confianza que elabora la consultora de relaciones públicas y comunicación Edelman para el influyente Foro Económico Mundial. Los empresarios más poderosos a nivel global y muchos líderes políticos se reúnen los primeros días de enero desde hace más de medio siglo en el exclusivo centro de esquí de Davos, en los Alpes suizos.
desde hace 23 años, los líderes que van al Foro Económico de Davos esperan ansiosos el “Trust Barometer” de esa consultora estadounidense, que se convirtió en una suerte de biblia del empresariado global para entender en qué mundo tendrán que navegar en el año que arranca. No es precisamente un buen dato para atraer inversiones eso de andar liderando las tablas negativas de ese estudio que reciben los empresarios top a nivel global de primera mano en los alpes suizos.

Fuente: Edelman

El Barómetro de Confianza mide y compara la opinión pública en 18 países, entre los que -casi milagrosamente- está la Argentina, que hoy es una nación bastante poco significativa a nivel económico en el contexto global.

El estudio de Edelman viene siendo testigo privilegiado del paulatino derrumbe del estado de ánimo social y el aumento imparable de la desconfianza que azota al país y lo ubicaba casi todos los años en el fondo de las tablas. Pero la novedad es que ahora nos coronamos “campeones” del mundo en grieta y desconfianza.

La confianza de la sociedad en sus instituciones, sus líderes y sus propios ciudadanos no es un dato menor o una curiosidad académica: el Barómetro prueba año a año que las sociedades con mayores índices de confianza son más prósperas.
Este año la Argentina batió récords: por lejos resultó el país más “agrietado” del mundo en el índice de polarización de su sociedad y su dirigencia. En ese indicador los argentinos no ganamos por penales, como en Qatar contra Francia, sino por goleada: la Argentina está sola en la punta de la tabla. Lidera” en los dos ejes de la polarización: el grado de división y el nivel de arraigo que tiene esa división en la cultura política.
No llama la atención, si se tiene en cuenta que las grietas se remontan a unitarios y federales y siempre se reforzaron con nuevos “River-Boca”, como peronistas y gorilas, kirchneristas y neoliberales y hasta bilardistas y menottistas.

Países más sonoros en los medios a nivel mundial por sus grietas, como Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil y España vienen mucho más atrás que la Argentina.
El ranking de polarización toma como principales criterios la desconfianza en el gobierno, la falta de una identidad compartida de su sociedad y el nivel de injusticia sistémica. Se suman el pesimismo económico y los miedos de la sociedad: todos esos criterios en la Argentina dan muy mal y significan un enorme desafío para el gobierno que surja de las elecciones presidenciales de este año.

El otro récord mundial triste de la Argentina en el índice de Edelman es la desconfianza en el gobierno, que llega a solo el 20 por ciento de credibilidad. Un dato es curioso y llamativo para la Argentina: cuando el Barómetro compara la confianza -o desconfianza- en el gobierno de cada país, la Argentina también gana el “campeonato” de la brecha entre el nivel de credibilidad del gobierno y las empresas.

Con 32 puntos, los argentinos más que duplican el grado de confianza que tienen en las empresas, si se las compara con el gobierno.

Con 52 puntos, el nivel de confianza de los argentinos en las empresas de su país no es significativamente alto, pero está mucho mejor que el descrédito del gobierno.

Para comparar, el nivel de confianza en las empresas en países como Alemania, Estados Unidos, Reino Unido o Canadá no difiere demasiado de los niveles argentinos: los estadounidenses no confían mucho más en sus empresas que los argentinos. Pero cuando se busca comparar la confianza en el gobierno, solo Nigeria y Sudáfrica se acercan un poco al récord negativo de la Argentina.
Es un dato muy curioso: el gobierno se puede dar el lujo de, por ejemplo, culpar a las empresas por la inflación, como lo viene haciendo con los programas Precios Cuidados o Justos, y las empresas prefieren callar y agachar la cabeza antes de intervenir de manera directa en el debate político y económico.

Fuente: Revista Imagen

Un sondeo a consultores y directivos de comunicación de las propias empresas relevado por la revista Imagen tras la publicación del Barómetro de Edelman arrojó que más del 90 por ciento de los 80 ejecutivos que formaron parte de ese panel cree que los empresarios están desaprovechando su nivel de confianza relativamente alto en comparación con el descrédito del gobierno para instalar sus puntos de vista en el debate político y económico de la Argentina.

Fuente: Revista Imagen

El 95 por ciento de los propios comunicadores empresarios cree que sus empresas están directamente ausentes en ese debate. ¿Los empresarios escucharán a sus propios directivos de comunicación?
Puede ser un signo alentador que, semanas atrás, medio millar de líderes empresarios y directivos firmaran una carta conjunta al gobierno rechazando el intento de juicio político contra la Corte Suprema, porque al Presidente no le gustó el fallo que lo obliga a devolver parte de la coparticipación que le manoteó a la ciudad de Buenos Aires para dárselo al gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Fue un hecho casi “revolucionario” para un empresariado que desde hace décadas viene eligiendo el silencio y el perfil bajo en el debate público.

Si hoy la opinión pública está volviendo de su penoso peregrinaje hacia el estatismo que derivó en la inflación imparable y el bochornoso aumento de la pobreza, no se debe precisamente a que los empresarios hayan intervenido en el debate para explicar por qué en todos los países prósperos las protagonistas de la economía son las empresas y no los gobiernos: los argentinos se fueron dando cuenta solos y a los porrazos que eso del “estado presente” que tiene que reemplazar a la economía de mercado por empresas públicas y burócratas estatales fue un delirio que no podía salir bien.
Vale la pena dedicarle un minuto a imaginar todo lo que los argentinos se podrían haber ahorrado de sufrimiento, pobreza, emigración y mala sangre, si los empresarios hubiesen salido desde el primer momento a debatir. Quizás hoy muchos de los líderes empresariales que terminaron llevándose sus empresas al Uruguay y otros destinos seguirían en la Argentina.

*Director de la Revista Imagen. Columnista de TN

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